DSC 0014“Ser Lasallista de corazón, sólo es posible, si nuestro corazón arde dentro de nosotros”

Un corazón ardiente, es el reflejo de la pasión con la que día a día buscamos las mejores oportunidades para servir a Dios, encontrándonos con nuestro prójimo en el camino para compartir la palabra, el alimento, el trabajo y todo cuanto somos, porque es ahí donde Dios se manifiesta y se hace presente.

En este año dedicado a las vocaciones lasallistas en el que celebramos los #300 años de la Pascua de nuestro Fundador, tenemos diversas oportunidades de ver a Dios a través de los distintos llamados a los que nos invita a servir, a encontrarnos con nuestros hermanos para compartir la alegría del Evangelio, pero también a reconocer al Señor Jesús en el camino, quizá sea este el principal objetivo de vivir con un corazón ardiente: “El camino que lleva a Emaús, es el de toda persona y todo lasallista que desea descubrir como Dios lo acompaña en su vida”1

Parte importante de nuestro carisma y vocación como religiosos educadores consagrados tiene su fundamento en lo que el mismo San Juan Bautista De La Salle nos ha compartido a través de sus cartas y escritos “tocar y mover los corazones”, la felicidad de nuestra vocación se enfoca en esta misión. Desde el punto de vista vocacional, la mejor manera de compartir nuestra pasión por Dios es la vida misma, desde la firmeza y la ternura, la presencia y la compañía, la amistad y el amor. Toda vocación se descubre desde el interior con pasión e ilusión, dejando que Dios “queme” interiormente a través de las circunstancias, de las personas y de los acontecimientos que nos llevan a descubrir cuál es su voluntad. Por supuesto que esto requiere voluntad, compromiso y perseverancia; querer que Dios sea el que haga todo, es un signo de la no aceptación de su plan en nuestras vidas; descubrir a Dios en medio de nuestra realidad, desde la sencillez y la honestidad personal es ya un primer símbolo de que algo nuevo está surgiendo

Esclarecer lo que Dios me pide, solicita armonía de mente y corazón. Para revelar a Jesucristo presente en medio de nosotros, necesitamos oídos atentos, ojos abiertos, y un corazón apasionado, como les sucedió a los discípulos que caminaban a la aldea de Emaús. La vocación es algo dinámico, está en constante crecimiento y desarrollo. Vivir en clave vocacional, sea cual sea nuestra opción, nos permite recorrer nuestro camino con ilusión y optimismo, compartiendo con los demás todo cuanto de valor encontramos al caminar; nos exige confianza en Dios, fidelidad, compromiso y coherencia con la opción hecha.

A la luz del pasaje bíblico del Evangelio de Lc 24,13-35, quiero compartir con ustedes algunos comentarios que he recolectado de formandos, colaboradores y Hermanos, sobre “¿Qué significa, desde mi vocación, vivir con un corazón ardiente?”


“El significado que encuentro tiene su fundamento en la fe y el celo, claves de la espiritualidad del Instituto. La fe que nos fortalece y el celo que nos insta a tener un corazón dispuesto a actuar en favor del que se hace próximo”. – Luis D. Valadez Guzmán, postulante DAMS.

“Para mí vivir con un corazón ardiente dentro de mi vocación es vivir al máximo nunca quedarme a medias tintas, tener celo por lo que hago.” – Andrés Burrola Suárez, postulante MN.

“Vivir con un corazón ardiente desde mi vocación Pastoral es pensar, decidir, actuar y acompañar; siempre pensando en el bien de mi comunidad, defendiendo con celo la formación integral de mis alumnos manteniendo siempre un compromiso con mi comunidad mediante el acompañamiento en cualquier ámbito que el alumno requiera.” – Ingrid S. Velázquez Dávalos, colaboradora UDLSB, Salamanca.

“Vivir con un corazón ardiente es mantener vivo el celo por el servicio a los demás, debido a la alegría que causa la noticia del triunfo de Cristo sobre la muerte. Saber que el mal no tiene la última palabra y que hay esperanza de transformar con trabajo las situaciones que aquejan a la humanidad. Es devolver la alegría a los corazones que se han enfriado por la desesperación.” – Hno. Gerson A. Padua Díaz, Internado Infantil Guadalupano.

“Para mí, vivir con un corazón ardiente es el impulso que me hace seguir día con día optando por la vocación a la que Dios me ha llamado y que así como una llama abarca todas las acciones que en el día realizo, Dios es el que enciende mi vida y me invita a vivirla en comunidad dando el 100% en todo lo que realizo” – Hno J. Emmanuel Aguilar Eslava – CSB, Comunidad de Ntra. Señora de la Campana.

“Mi primera vocación es a la vida, después, mi vocación es a la felicidad, cuando veo que la felicidad está en servir, ayudar, aconsejar, mi corazón se enciende, y al tener un corazón que arde, significa que es un corazón que sirve, pero más a los que más lo necesitan” – Profra. Liliana Leal Macías, colaboradora CCC.

“Significa vivir a tope y con pasión la misión que mi vocación me regala. Significa sentir un fuego que arde en el fondo y me mueve a ver y a hacer algo por las necesidades de los otros. Significa sentir el amor de Cristo que nos llama a la misión.” – Carlos Renato J. Padrón Gómez, postulante DAMS.

“Para mi, tiene un significado primordial; ya que si mi vocación la vivo con un corazón ardiente, quiere decir que está lleno de vida y que puede iluminar, contagiar e irradiar la chispa y la luz. Significa que vivo mi vocación de manera apasionada, no a medias tintas; sino por completo. Sabiendo que no soy yo el que saca las fuerzas por sí solo; sino que es Dios el que me impulsa y mantiene mi corazón ardiente por aquellos niños y jóvenes que Él mismo me confía, en compañía de mis Hermanos.” – Hno. Alejandro Castro Rodríguez - CLSL, comunidad de Ntra. Señora de la Luz.

Estamos festejando #300 años de encender corazones, de vivir plenamente un legado y una misión que compartimos como Instituto y como Iglesia, decir que viva Jesús en nuestros corazones es un compromiso de todo lasallista, porque anhelamos reconocer cómo Dios se manifiesta y permanece.

Señor Jesús, hoy como los discípulos de Emaús, queremos que te quedes con nosotros, que te muestres vivo y presente en nuestras vidas, que junto contigo llevemos la alegría de tener un corazón ardiente permitiendo que Tú habites en cada uno, porque ser lasallista de corazón, sólo es posible, si nuestro corazón arde dentro de nosotros.

Hno. Isaac Alcántara Cabrera

 

“Lasallistas de corazón, nuestros corazones arden dentro de nosotros,” Reflexión lasallista Nº 4, 2018-2019. Pág. 9

 

 

 

 

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