Reflexion Tu eres parte del milagro


“¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la pobreza, los peligros o la espada? Como dice la Escritura: por tu causa nos arrastran continuamente a la muerte, nos tratan como ovejas destinadas al matadero. Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó. Yo sé que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, ya sean del cielo o de los abismos, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” Rom 8, 35-39

 

Creo que todos coincidimos en la percepción que desde el inicio de la noticia de un nuevo virus en la provincia de Wuhan, China hasta hoy nuestra realidad ha sufrido modificaciones que jamás nos hubiésemos imaginado: desde la lamentable partida de seres queridos (familiares, amistades, compañeros (as) de trabajo, alumnos (as), exalumnos (as), Hermanos, sacerdotes, etcétera) hasta enfrentar situaciones económicas, sociales, educativas, culturales, políticas que hoy rebasan nuestra capacidad de análisis y comprensión.

Puedo casi asegurar que el tema de conversación más común hoy en día es la pandemia y sus efectos, aunque también puedo afirmar que es el que menos gusta o más incomodidad nos cuesta abordar.

Batallamos también como educadores, para afrontar la misión que desde la suspensión de clases presenciales se nos ha sido encomendada, pues nuestra tarea va más allá de brindarles los contenidos pedagógicos a nuestros (as) alumnos (as) y sus familias.

Y lo más grave es que ante estas dificultades - y seguramente muchas más que no menciono – no alcanzamos a ver la solución o las soluciones a mediano plazo.

¿Qué sentido tiene entonces ser “parte del milagro”? ¿Qué necesidad de proclamar a los cuatro vientos que hay esperanza?, ¿Todavía en pleno siglo XXI existen milagros?, ¿Y además, nos dicen que los milagros somos nosotros mismos, nuestros prójimos, nuestra tarea evangelizadora, nuestra misión educativa, nuestro trato justo, equitativo, cercano, tierno?

Pues la respuesta no es un simple “si”, considero que es un “POR SUPUESTO”, considero que hemos ganado más de lo que hemos perdido.

Hemos perdido la presencia física…pero hemos ganado valorar a quienes viven con nosotros.

Hemos perdido la seguridad económica…pero hemos ganado el valorar lo mucho o poco que tenemos y cuidarlo.

Hemos perdido seres queridos…pero hemos ganado al valorar la oportunidad de despertar cada día.

Hemos perdido la movilidad social…pero hemos ganado en nuestra movilidad interior.

Hemos perdido disfrutar de muchas cosas…pero le hemos podido dar un respiro a nuestra Madre Tierra.

Hemos dejado de hablar con otras personas…pero hemos ganado en tiempo para hablar con nosotros mismos y con Dios, nuestro Padre.

Y así podría seguirme, pero a manera de ejercicio y “tarea” me gustaría invitarlos (as) a hacer su propia lista, que seguramente será más completa que la mía.

Hoy, mañana y siempre nos toca ser parte del milagro, y ¿por qué?, pues por la simple razón de que, a ejemplo del señor De La Salle, de nuestros santos y beatos lasallistas y de quienes nos han precedido, la misión requiere de corazones milagrosos (no milagreros) confiados únicamente en la alegría y la pasión de hacer de Jesús el centro de la vida.

Nos unimos a María, quien nadie más que ella sabe lo que significa ser “parte del milagro”.

Fuerte abrazo a cada uno (a).

 

Hno. Daniel B. Montes de Oca Lindoro, fsc


 

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