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Para comenzar este artículo quisiera resaltar el papel de muchas organizaciones de la sociedad, que por una motivación cristiana y humanitaria se acercan a diferentes sectores, sobre todo los que son altamente vulnerables ante los riesgos generados por el dinamismo social, brindando la ayuda y siendo el soporte necesario para sortear ciertas situaciones que rebasan la capacidad de algunos seres humanos. Estas obras o misiones son “parte del milagro” que hacen presente la acción salvadora de Dios a través de la atención de los más desfavorecidos en diferentes categorías como son la seguridad, la identidad, la salud, la educación, la alimentación y el desarrollo del proyecto personal de vida.

Sin duda la pandemia desde los comienzos del año 2020 ha paralizado a los diferentes estratos sociales, ha impactado negativamente en la labor de todas estas organizaciones a nivel global, las cuales han tenido que afrontar los retos a los que los demás sectores no han sido ajenos. Con este escrito pretendo aportar uno de los múltiples puntos de vista que se pueden generar a partir de la experiencia y de las dificultades que han tenido que sortear las instituciones con misiones afines o similares a la del Internado Infantil Guadalupano A.C.

La misión lasallista basada en el servicio educativo, vivió una abrupta interrupción de los procesos presenciales de acompañamiento de los estudiantes que pertenecen a la red de instituciones de educación. Desafortunadamente, hay detalles que solamente en la cercanía entre seres humanos se pueden percibir, sobre todo si se trata de las necesidades específicas de intervención y adecuaciones pedagógicas dirigidas a estudiantes con significativas barreras, las cuales merman el desempeño académico. Al verse interrumpida esta interacción presencial (estudiante-docente), crece el reto de contar con una velocidad en la capacidad de respuesta a esa variedad de necesidades que presentan los estudiantes. Pero esto es solo parte de un problema aun mayor que, con la actual pandemia, se puede afirmar con certeza que ha crecido en sus cifras. Tan solo la estadística del año 2017, el INEGI reportaba que aproximadamente 31 millones de mexicanos se encontraban en una situación de rezago educativo. Las obras educativas de toda índole, en especial las que apoyaban a sectores vulnerables, cerraron sus puertas dejando a la deriva a muchas personas que se beneficiaban del acompañamiento que recibían. De acuerdo a información proporcionada por CONANIMAC, muchas de las escuelas y centros educativos atendidos por diferentes congregaciones, institutos, sociedades de vida consagrada dejaron de brindar el acompañamiento presencial necesario para garantizar en gran proporción el éxito de los programas de educativos que atiende a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ) del país. Las estrategias de la educación a distancia están centradas en sectores de la educación cuyas necesidades básicas están cubiertas. Aunque no pretendo que sea un tema de discusión, pues se han analizado diferentes canales de comunicación para hacer accesible los contenidos educativos a todos los sectores; una situación que pone en desventaja a los NNAJ con rezago social y económico es el tema de la conectividad, de la alfabetización digital y de los servicios como la telefonía, la luz eléctrica entre otros. Se habla de que los docentes que pertenecen a la educación publica y privada puedan utilizar las diferentes TICS para acompañar a los estudiantes, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de la triste realidad de que muchos estudiantes no cuentan con los recursos necesarios para hacer uso de esas tecnologías. De nuevo el problema de fondo está relacionado con la situación económica y de desarrollo de la población en el país. Es importante estar atentos a las estadísticas posteriores a las etapas de contingencia para verificar el impacto de estos fenómenos en el rezago educativo.

IMG 6636No solo el aspecto educativo es el que puede interesarnos como institución de asistencia social. Otro de los temas que aquejan a la humanidad y que sin duda la pandemia vino a recrudecer es la problemática en la alimentación de los NNAJ de México. De acuerdo a las cifras de 2012 presentadas por The Hunger Project, tan sólo en México había 27 millones de personas que se consideraban en una situación de pobreza alimentaria de las cuales el 13% sufría de desnutrición crónica. Muchas de las casas pertenecientes a la red de CONANIMAC, además del acompañamiento educativo de los beneficiarios, proveían un servicio de comedor en cualquiera de las modalidades (desayuno, refrigerios, comida, cena). Al tener que seguir las indicaciones del confinamiento y la sana distancia, este servicio se detuvo, dejando de alimentar a una porción importante de la niñez y juventud que beneficiaba. Pero ante estos impedimentos surgieron propuestas de acción, que más que creativas, son una respuesta rápida a la necesidad de seguir combatiendo el hambre y cubrir una necesidad esencial para la vida como se considera a la sana alimentación. Muchas casas hogar y de asistencia tuvieron la oportunidad de proveer despensas a las familias durante el resguardo de las NNAJ en sus respectivos hogares.

Uno de los panoramas que causó mucha incertidumbre para la atención de las NNAJ fue la garantía de contar con los insumos suficientes para cubrir las necesidades de alimentación. Ante las restricciones, la paralización de las actividades comerciales, las compras de pánico, el condicionamiento y racionalización de porciones en la compra de los alimentos; las casas hogar con población cautiva tuvieron que recurrir tanto a benefactores como a instituciones que son parte de la red de apoyo, para así armar en consenso con los integrantes del equipo de atención, diferentes estrategias de adquisición de los insumos con las cantidades pertinentes, que obviamente exceden las cantidad promedio que consume una familia, pues al comienzo de la contingencia se llevó a cabo una racionalización en la venta y compra de alimentos básicos, además de que los sitios donde se proveían estos insumos eran considerados lugares de alto riesgo de contagio.

A partir del 23 de marzo de 2020, en México comenzó la jornada nacional de sana distancia. Una de las “máximas” de estas medidas promovidas por la Secretaria de Salud y el Gobierno Federal, encontraba una síntesis perfecta en la frase “Quédate en casa.” Ante el desconcierto y la expectativa del pronto restablecimiento de las actividades cotidianas, las instituciones decidieron canalizar a gran parte de la población que atendían a sus respectivos hogares de procedencia, ya sea con familiares o tutores legales. El aumento de la temporalidad de la jornada de la sana distancia y las disposiciones oficiales de aislamiento o distanciamiento, provocó un “corte en la trama” pues el servicio de la garantía de seguridad personal de los beneficiarios se vio interrumpido. Muchas de las personas que recurren a este tipo de instituciones han sufrido violencia o algún tipo de abuso y buscan resguardo de estas situaciones. La gran mayoría de estas personas han sido privados del ejercicio de sus derechos universales por causas relacionadas al contexto familiar y social. Para muchas NNAJ, la casa o el hogar familiar representa el lugar de mayor riesgo al estar expuestos a la violencia en sus diferentes categorías. La red de atención de las casas de CONANIMAC atiende en su mayoría a mujeres (niñas, adolescentes y jóvenes), lo cual representa un sector potencialmente desfavorecido, ya que durante la contingencia se hicieron notables los incrementos en los índices de violencia en contra de las mujeres.

IMG 6485 1Sumado a esto, existe una situación de estrés social que se traduce en el poco control de las emociones, y esto se hace visible en la serie de agresiones hacia los miembros que conviven dentro de un mismo espacio. El estrés tiene como origen diversos factores como: el miedo ante un posible contagio, el cual es un peligro latente en las actividades donde los seres humanos inevitablemente interactúan de manera cercana; el aumento del desempleo lo cual repercute en la poca solvencia económica de las familias; las emociones descontroladas que provocan ansiedad y depresión en algunos integrantes de la familia; las tristeza y el dolor por las muertes y ausencias familiares provocadas por la enfermedad; la convivencia continua y el encierro que pocos saben vivir de manera prolongada muchas veces en condiciones de hacinamiento; el cambio de rutina y las exigencias de la nueva normalidad lo cual provoca una añoranza en el pasado, una desesperación ante los cambios del presente y una falta de certeza en el futuro que parece desolador.

Para terminar, quisiera hacer una analogía de esta situación con una referencia de la cultura popular. Recuerdo mucho una imagen de una película de Corea del Sur dirigida por Bong Joon-ho, que este año 2020 fue galardonada en diversos festivales. “Parásitos” muestra una imagen poética de como dos estratos de la sociedad diametralmente opuestos viven un mismo fenómeno. Para uno de ellos la lluvia representa un fenómeno que encierra belleza, que significa aventura y puede ser guardián del romanticismo. Para el otro estrato representa la destrucción, la ruina y la desdicha de perderlo absolutamente todo. De igual forma cada familia y cada grupo social vive la pandemia de forma diferente y aunque la pandemia no hace distinción de condiciones sociales, si acentúa e incrementa los estragos en los que, hasta antes del inicio de esta pandemia, se consideraban los más desfavorecidos. La lluvia no significa lo mismo para ti que para ellos…

Desde el fondo de esta desolación, como lasallistas añoramos en comunidad escuchar la voz de Dios y en este momento me atrevo a preguntar: ¿Qué es lo que te dice Dios ahora?

Hno. Gerson Alejandro Padua Díaz
Coordinador de Acompañamiento Educativo
Internado Infantil Guadalupano

 

 

 

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